sábado, 27 de julio de 2013

Cronos

¿Qué hora es? ¿cuántos años tiene? ¿cuánto se dura llegando? ¿cuánto tiempo falta para que se cumpla el plazo? ¿cuántos días quedan? ¿cuánto tiempo llevamos en esto? . . . son algunas de las muchas preguntas cotidianas que nos hacemos sin cuestionamiento alguno.

El tiempo, el cronos (según el idioma de los griegos) es algo casi como un dios que todos asumimos que existe y contra el cual nada se puede hacer, pues su avance es inexorable. Siempre las entrevistas en la radio o la TV terminan diciendo "tenemos el tiempo en contra y nos queda solo un minuto". "Contra el tiempo", "contra reloj", "con los años encima"; pareciera que enjaulamos nuestra existencia entre los barrotes del lapidario e implacable dios del tiempo.

Pero afortunadamente esto no aplica para todos los humanos en todas partes del mundo. Alláaaa por el año 95 y más tarde por el 99 (¿ve como contamos todo con referencia al paso del tiempo?), la vida me dio la oportunidad de trabajar como voluntario en comunidades rurales lejanísimas en el norte y Atlántico de Nicaragua, país que por momentos uno siente que "se quedó pegado en el tiempo" (precisamente en el tiempo).

Con formulario en mano me pidieron que tomara datos de las personas que llegaran a solicitar servicios de salud. La fila era interminable y el absurdo formulario también, con sus ya conocidas y tradicionales casillas de "nombre", "primer apellido", "segundo apellido", "fecha de nacimiento", "edad" y bla bla bla. 

Sin perder "más tiempo" me puse a "levantar datos" lo más rápido posible para ver si se reducía tan abrumadora fila, y ¡sorpresa!!!!!, las señoras no sabían sus apellidos o tenían solo uno o me juraban que no tenían ninguno. ¿Pero cómo que no tienen apellidos???... pero rápido comprendí que eso es perfectamente posible en un contexto de post guerra como este, así que proseguí con las infalibles casillas de "fecha de nacimiento" y "edad".

¡Sorpresa!!!!, las señoras no sabían cuándo habían nacido, es más, tan siquiera me entendían la pregunta que les hacía a pesar de todos mis esfuerzos por "limpiar" mi acento de tonos y sonidos extranjeros que ahí quedan de sobra, como el exceso de "s" y las "erres" arrastradas que tanto nos delatan a los ticos. 

Entonces me pasaba a la siguiente casilla y les preguntaba "¿cuántos años tiene usted?", o "¿hace cuántos años nació usted?" y la mirada de asombro era indescriptible. La coordinadora al ver mi fracasada lucha me dijo al oído que cuando no saben la fecha de nacimiento se anota primero de enero del año que más o menos calculemos en que nació cada señora.

Creo que llevaba como diez minutos y apenas iba por la cuarta casilla de la primera señora de quien había podido anotar solamente su primer nombre. Ante mi ansiedad y cara de frustración la señora tímida y de poquísimas palabras tuvo una brillantísima idea. Se volvió hacia una viejita que estaba sentada y le dijo "¡máma!! ¿cuánto jaños tengo yo?", y la señora, con toda la paciencia del mundo como si solo ellas dos existieran, miraba para arriba como hacia la nada o hacia el recuerdo y decía: "¿vó???, ejperáte, si la Carmen anda sobre loj treintaidó, la Cecilia sobre loj treinta, la Reina sobre loj veintiocho, la Vanessa sobre loj veintisei... mmm, entonce vó tenéj que andar sobre loj veinticuatro".

Entonces yo con cara de feliz y alivio anotaba en la casilla el número 23, pues ya me habían explicado que cuando la gente dice que está sobre x número, en la realidad está debajo o atrás de dicho número, así que esta mujer que andaba sobre los 24 tenía los 23 cumplidos. Seguí llenando el resto de las absurdas casillas de siempre y cuando pasé de la primera señora, ¡sorpresa!!!! . . . en la fila estaba también la Cecilia, la Reina, la Vanessa y todas las hermanas de la primera señora, cada una con sus respectivos hijos e hijas, siempre numerosos, de modo que la viejita que sin duda era la memoria histórica de tan gigantesca familia, me iba diciendo y corrigiendo los datos de sus respectivas hijas y así casi siempre había una matrona viejita que asistía la toma de datos de su gigantesca descendencia.

Yo corrí para que nos alcanzara el tiempo pues siempre se tenía un número de días definido para atender cada comunidad, pero las señoras no mostraban prisa alguna y parecía que no les importaba tener que estar en una gigantesca fila durante toda una mañana para que la doctora las atendiera y les viera a sus hijos. A ninguna la apuraba nada ni nadie.

Esta escena que por muchos años recordé como una señal de atraso, subdesarrollo y marginación de estas comunidades y poblaciones, ahora la recuerdo con otros ojos y desde otro lugar. Estas señoras, desde su pobreza y simpleza, no son esclavas del tiempo ni del cronos. No andan midiendo su vida desde los años y las horas, simplemente viven la vida día a día y paso a paso sin estar midiendo cuánto llevan y sin estar calculando cuánto les faltará. No, ellas viven el hoy y el presente tal cual se expresa con sus dichas y desdichas y tienen una profunda capacidad de aceptación de lo que es y lo que viene, y esto les da una paz y serenidad profunda y sorprendente.

Ellas no hablan de celulitis o de "llantas" o patas de gallo, ni de senos caídos y brasieres levantadores, ni de manchas en la cara ni de prevención de arrugas en el cuello o debajo de los ojos. Tampoco se hacen implantes de botox o rayitos en el pelo ni se tiñen las canas. Ahí no hay "trenes que las dejan" o que tempranamente "se las llevan" porque tan siquiera han visto un tren en su vida. Ellas no gastan sus energías en eso sino que viven resolviendo la comida de cada día, el "pan nuestro de cada día" que en esos lugares sería el "bastimento" (plátano verde) con su respectiva tortilla palmeada y la deliciosa cuajada.

Ellas no usan reloj ni dividen el día en horas. El día comienza cuando el sol sale y termina cuando se pone. Si acaso los gallos, los congos y los pájaros les recuerdan el amanecer y los grillos el anochecer. Durante el día se hace lo que se tiene que hacer en el día y cuando se acaba se hace lo que se tiene que hacer en la noche. El día y la noche siempre alcanzan para hacer lo que por generaciones se hace durante el día y la noche. ¿Y si algo no se hizo hoy?... entonces se hace mañana cuando sin duda alguna volverá a salir el sol.

Ellas, las mujeres pobres y desposeídas, las que ponen nombre a sus hijos cuando ya tienen varias semanas de nacidos porque esto es señal de que "pegaron" y posiblemente ya no se van a morir, las que paren hincadas con la ayuda de una matrona que sabe más de nacimientos que cualquier ginecólogo u obstetra, ellas que visten con harapos, que usan brasieres de tercera remendados y ajustados con tiras de tela que ellas mismas les añaden, que por toallas sanitarias usan trapos que lavan y reciclan hasta el infinito, que se embarazan y paren y se embarazan y paren a lo largo de su vida como por designio natural... ellas, las desdichadas del mundo, son libres de la cárcel del tiempo y no conocen del martirio del paso de las horas y los años, porque simplemente aprendieron a vivirlos tal cual como vienen, disfrutando las dichas y sobrellevando las tristezas.




7 Comments:

At 3:57 p.m., Blogger Zorayda Gomez said...

Amigo. ..

¡Qué hermoso tributo a la campesina nicaragüense y qué manera de contar los detalles! Me haces sentir que estuve ahí.

Gracias por compartir tus recuerdos de mi tierra y de mi gente.

 
At 3:57 p.m., Blogger Zorayda Gomez said...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

 
At 4:56 p.m., Anonymous Yuni ortiz said...

Qué sabor a vida! De la vida sencilla, básica y sin presiones sociales. Sin embargo, no dejo de pensar en tantas limitaciones de gente que merece mejores opciones, por lo menos en servicios educativos y de salud.

 
At 4:56 p.m., Blogger MEMO said...

Campesina nicaragüense . . . las primeras donde vi ese rostro que luego me encontraría en Sixaola, en San Carlos (el de Costa Rica y el Nicaragua), en Talamanca, en Changuinola, en Cusco, en Puno, en Titicaca, en La Paz, en Uyuni . . . lo que me hace sospechar que se trata de las mujeres campesinas del mundo.

 
At 7:21 p.m., Anonymous Anónimo said...

Nuestras campesinas dignas que con su fortaleza nos enseñan el ridículo que hacemos al pensar cuanto "nos falta" y que deberíamos pensar más en cuanto deberíamos hacer para que ellas tengan más oportunidades.

 
At 12:05 p.m., Blogger JBmtb said...

Bonita experiencia, me gustó mucho leerlo, gracias

 
At 12:07 a.m., Anonymous Anónimo said...

Qué lindo que aún escribís!!!! Es maravilloso el talento que tenés, y como lográs que uno se transporte con cada detalle. No dejés de hacerlo nunca, aunque tengas el ""tiempo""" en contra, seguí dandonos esas lecciones tan importantes y necesarias para nuestras vidas.
Gracias Guillermo!!

 

Publicar un comentario

<< Home