sábado, 16 de septiembre de 2006

¡¡¡¡¡ Que viva el tren !!!!!!!!!!!!


Aún no lo sé y no he encontrado una razón que permita explicármelo, pero me fascina el tren. Me cuentan que mi abuelo materno fue liniero del Ferrocarril al Pacífico (Ferrocarril Eléctrico al Pacífico se llamaba entonces).


Él era de esos señores que andan en el tren haciendo reparaciones, ajustando los cruces de líneas, o bien andaba en un motocar (como decir un tren pequeñito) dando mantenimiento en los rieles o los durmientes. Pero yo tan siquiera conocí a mi abuelo. Cuando nací él tendría cerca de 20 años de haber muerto.

Gracias a ese trabajo de mi abuelo desconocido que murió relativamente joven, mi abuela heredó una pequeña pensión y algunos beneficios como si hubiera sido ex empleada del ferrocarril, tales como ser parte de una cooperativa, participar de un fondo de ahorro y préstamos, y lo más importante para mí, 12 boletos anuales gratis para viajar en tren. Creo que seguro por esto, desde que tengo memoria, todos los años junto con mi familia viajamos a Puntarenas en tren. Mi mamá me cuenta que cuando era niña, a pesar de la pobreza extrema en que creció, su familia viajó religiosamente todos los años a Puntarenas en tren, y que allá frente al mar se hospedaban en unas instalaciones para empleados del ferrocarril.

Seguramente por eso es que mi mamá continuó la tradición con mi familia. ¡En el tren de 6 nos vamos! decía mi mamá, y desde días antes yo no cabía de la alegría de saber que viajaríamos. Había que levantarse demasiado temprano, aún oscuro y con mucho frío para alistarse, y desde primera hora sentía un miedo terrible de solo imaginar que el tren nos podría dejar. Sentía nervios y mucha ansiedad. Llegábamos a la estación del Pacífico, y no sé por qué siempre hacía mucho frío y mucho viento. Yo quería que entráramos corriendo y nos subiéramos al tren ya, porque nos iba a dejar; pero no se podía. Había que hacer fila y esperar que marcaran los boletos especiales. Mientras tanto yo iba a ver dos locomotoras de tren a escala que habían (y todavía hay) en unas cajas de vidrio, o me quedaba ido viendo un escudo dibujado en los mosaicos al centro del piso del salón principal. Por fin llegábamos a un portón de hierro corredizo y el guarda nos indicaba cuáles vagones estaban disponibles. Siempre azules los vagones, algunos de hierro y otros de madera. Con unas franjas horizontales en colores blanco y rojo de manera que formaban la bandera de Costa Rica. Al centro (interrumpiendo las franjas) tenían un cuadro blanco con el nombre en letras azules que decía "FECOSA" (siglas de Ferrocarriles de Costa Rica, S.A.). Años después entendí que eso era porque los dos ferrocarriles (el del Pacífico y el del Atlántico) habían sido adquiridos por el Estado y eran del gobierno, y luego ese nombre fue cambiado por INCOFER (Instituto Costarricense de Ferrocarriles).

Por fin nos subíamos a un vagón, casi siempre con los asientos color rojo. El techo en forma circular como formando un arco forrado en tablillas de madera, y a los lados unos estantes para colocar maletas. Las ventanas se abrían hacia arriba, como una guillotina y era fascinante asomarse por ellas. Al rato colocaban la máquina (así le decimos a la locomotora), la cual era eléctrica y también de color azul. Cuando la enganchaban movía todos los vagones y aumentaba en mí esa mezcla se susto y emoción de saber que el tren estaba por salir.

Por fin sonaba el pitazo del tren a gran volumen y comenzaba a moverse. Ya para ese momento yo tenía contados los vagones. Casi siempre eran 10 ó 12. Para mí eso era simplemente espectacular; ver como esa locomotora lograba halar tanto peso, al inicio muy lentamente, pero luego tomaba impulso. Empezaban a moverse los vagones, a balancearse de un lado a otro, a la vez que los rieles sonaban como tambores a ritmo de música tropical. Me encantaba ver como el tren pasaba primero por las barriadas de la ciudad y ver cómo los carros debían parar para que pasara. Me parecía tan imponente!!!!!!!!!!

El tren no pasaba desapercibido para nadie. Sus pitazos eran estruendosos, las ruedas y rieles hacían ruido como truenos, e incluso, cuando el tren pasa se siente mover la tierra como un temblor. En adelante todo era pura y absoluta felicidad. Los puentes altísimos y sin barandas, los puentes con estructuras de hierro y el tan temido túnel. Conforme avanzaba el viaje todo iba calentando: la emoción y el calor, porque cada vez nos acercábamos más al mar.

Es tanto lo que recuerdo cuando intento escribir sobre el tren, que no todo va a caber aquí. Se me atascan los recuerdos en el alma y en la garganta. Como la primera vez que viajé en tren hasta Limón en el Atlántico.... uy, eso sí que fue emocionante; o las cientos de veces que salí corriendo de la casa de mi tío en Limón dejando lo que fuera solo porque había escuchado el pitazo del tren y yo debía salir a verlo. O las horas de horas que pasaba en la estación mirando los vagones estacionados, esperando que llegara un tren solo por el placer de verlo. Hasta tres y cuatro horas era capaz de esperarlo, solo por la emoción de verlo llegar. O las horas que pasé dibujando trenes, o las horas de horas de horas que pasé jugando con un tren de madera que mi papá me hizo con mucho cariño. ¿Quién pudiera explicarme esta obsesión tan arraigada?, ¿Cuántos más la habrán vivido? (por cierto que conozco a varios que les pasa lo mismo).

Esto me explica en parte algunas cosas que me han pasado ahora más "grandecito" (como dicen los abuelos). Como que cuando entré a la universidad en el año 1992, religiosamente iba dos días a la semana a ver salir el tren que iba de San Pedro para Heredia a las 5 pm; y por esperar que saliera debía correr para no llegar tarde a clases. O el golpe en el pecho que sentí cuando en 1996 anunciaron que el ferrocarril se cerraba, o la nostalgia tan terrible de ver los vagones abandonados en los patios de las estaciones o los rieles de la línea sepultados por el asfalto.

Para un Festival de las Artes (creo que a finales del 2004) habilitaron el tren en un tramo corto porque el festival se hacía en los antiguos talleres del ferrocarril. ¡¡¡Qué emoción más intensa!!!!!! Qué lindo volver a ver ese tren cruzando las calles y pitando imponentemente. Me volví a montar en tren aunque fuera por unos minutos y por más que pase el tiempo no dejo de disfrutarlo con intensidad. Esa vez me pasó algo rarísimo, y fue que cuando entré al salón principal del festival y vi que parte del escenario era una locomotora, sentí unas ganas profundas de llorar. ¿¿¿Por qué??? no sé ni me lo explico aún, pero con solo escribirlo me vuelven las ganas de llorar. Para esa vez habían montado una exposición histórica del ferrocarril y la degusté con todas las ganas del mundo. Me fui a caminar entre los trenes viejos estacionados y casi muero cuando me encontré la locomotora número 145. Mi locomotora eléctrica preferida!!!!!!!!!!!!!!!!!

Dirán ustedes que estoy loco, y puede ser, pero quiero compartir mi locura con otros para ver si así la disfruto más. Hoy, para mi mayor alegría el tren volvió a las calles. Es un tren urbano que ya no va a las playas, pero es el tren a fin de cuentas. Para mi suerte, una de las rutas me sirve para viajar al trabajo y en varias ocasiones he viajado de San Pedro a Plaza Víquez o viceversa. Son solo 20 minutos de viaje, pero son los más intensos y placenteros del día. No tienen idea de la emoción y susto que siento cuando lo veo venir.

Este tren tiene 5 vagones nuevos y uno viejo. Por supuesto que me subo siempre al vagón viejo porque tiene ventanas de guillotina que uno puede abrir y así contemplar mejor el camino. Me gustaría descifrar por qué lo disfruto tanto. Siempre lleva las locomotoras de diesel números 86 y 87, una a cada extremo (mi preferida de diesel es la 85 y tengo muchos años de no verla). Siempre cuando el tren camina luego de que me subo siento ganas de llorar, pero es un sentimiento de mucha alegría. Siempre que me bajo en la última parada en San Pedro me quedo esperando que todos se bajen y que el tren se regrese. Como si se tratara de un viejo amigo, no encuentro cómo bajarme del tren y darle la espalda con indiferencia, así que espero a que se vaya. Cuando eso pasa, es curioso percatarme que no solo yo hago eso, entonces me consuelo.

6 Comments:

At 1:10 p.m., Anonymous Anónimo said...

Qué interesante tu experiencia,leo cada línea y me parece estar escuchando tu voz contándome todo eso.
Me parece excelente que compartas algo de las muchas cosas que has vivido. Creéme que logras transportarme a esos momentos y me trasmites parte de esa emoción que sentís.

Es muy lindo leer lo que escribes, siempre has logrado llegar a mi corazón de esta forma.

Continúa escribiendo!!!!!, seguro que hace mucho que no lo hacés y talvéz sea hora de retomarlo, además, tené la seguridad que hay alguien que aunque conozca mucho de tus vivencias va a estar pendiente de leerte y reciclar sentimientos de mometos compartidos.

 
At 11:49 p.m., Anonymous Elizabeth Chacón said...

Que bueno que en palabras me hiciste sentir lo que a tu lado pude vivir en el tren... Comparto el sentimiento mezclado de alegría, emoción y ganas de llorar que sentí al volver a subir al tren en Febrero de este año y querer transmitir a mis hijas la emoción y el gran significado que tiene para nosotros "viajar en tren". Sigue escribiendo.... Eli.

 
At 12:05 a.m., Anonymous Randall Mora said...

Gracias por compartir de manera tan emotiva este pequeño trozo de la historia de tu vida...
De alguna manera es parte de la historia de cada costarricense que tuvimos la oportunidad de viajar en tren. Al compás de tus palabras fué como si el tiempo se detuviera y pude transportarme para mirar el tren y esos maravillosos viajes detrás de los ojos de un niño que miraba muy atento por esas ventanas el pasar de casas y puentes... RMQ

 
At 12:05 p.m., Anonymous Anónimo said...

Que lindo poder leer estas historias, historias muy propias de una persona, junto a la cual también compartí por mucho tiempo, siempre recuerdo cuando en casa de nuestro tío salías corriendo dejando todo por ir a ver el tren que pasaba algo cerca. Es muy emotivo reavivar las emociones que se vivieron en esos tiempos. Siempre he mantenido esos recuerdos y no dejo de hablarlos con mis amigos y compañeros de las vivencias de cuando viajabamos en tren hasta puntarenas y limón. Gracias por mantener vivo los recuerdos, en las mañanas cuando veo el tren pasar por Plaza Viquez es como ver cuando ibamos nosotros pasando por ahí gritando y riendonos de la emosión del viaje.

 
At 6:42 p.m., Blogger Marcela said...

Hola!!! mi nombre es Marcela Checa yando buscando fotografias e informacion sobre el ferrocarril en sus epocas de apogeo, osea en los 40s.... es para un proyecto de launiversidad, me parece lindisima esta historia!!! mi correo es : marcela.checa@gmail.com, si me pueden mandar info se los agradeceria!! que pasen un lindo dia!!! , atte. Marcela Checa

 
At 8:35 a.m., Anonymous Anónimo said...

Hola me encanta escuchar esta historia porque recuerdo mi infancia tambien, me gustaria saber si alguien conoce de algun lugar donde tengan fotos del paseo a Limon en tren ...
Saludos y les agradezco

 

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