domingo, 3 de junio de 2012

¡Hola Caribe!

¡Hola mar! ¿qué hay de nuevo?, te veo calmo. ¿Quién diría que sos el mismo que escupiste con fuerza todos esos troncos que están en la orilla? Me encanta cuando estás así, con estas ondulaciones tan suaves. Hasta juraría que el agua es más densa o más espesa. 


Me encanta que puedo mirar perfectamente mis pies por más profundo que estén. Esas franjas de diferentes tonos de turquesa, verde y azul que se miran hacia el horizonte, no me dejan de parecer maravillosas.


Sí ya sé, hace tiempo que no vengo y eso que vivimos al frente, pero siempre siempre siempre, por más ocupado que esté, saco mi ratico para echarte un ojo y ni qué decir que todas las noches te escucho desde la hamaca. Desde que aprendí a relajarme con el ruido de las olas no cambio esta costumbre por nada.


¿Yo? ¡Qué te diré! Ahí breteando como siempre, pero no me puedo quejar. Por ratos con muchas dudas y preguntas, con agobios y congojas y sustos y ansiedades, pero ya aprendí a hacerlas un puño y ponerlas de lado, y bueno, por eso vine, a mi dosis de océano-terapia. 


Saber que en la ciudad se paga miles por esto y aquí con las olas tengo un spa espumoso y turbulento. Algo tenés y no sé qué es, pero cuando vengo tu inmensidad lo absorbe todo. Me recordás sin palabras la proporción de mi tamaño, de mi vida y mis problemas. A tu lado todo se torna minúsculo e insignificante.


No sé si será la salinidad, las ondulaciones, la turbulencia y la espuma de las olas o el masaje de la arena en la planta de los pies. Será acaso que esto de flotar y sumergirme en el agua me devuelve a mi estado primario desde antes de nacer o al estado primigenio de nuestra humanidad, que según dicen, fuimos acuáticos como peces.


Será acaso Yemanyá o Changó o los cientos de años de misterios, o los secretos de piratas, o que sos un puente de agua que nos separa y a la vez nos une con el África y con Jamaica, donde está el ombligo de los abuelos de mis hermanos negros que vinieron por un tiempo con la esperanza de volver y terminaron anclando su vida a tus orillas, pero siempre con la mirada hacia la tierra de su origen. 


No sé qué será, pero vos Caribe con todo tu misterio y tus encantos, con todos tus silencios y tus ruidos, con todos tus caprichos y bondades, no sé cómo, pero lográs apaciguar mi inquietud, lográs amansar mis miedos, lográs calibrar mi existencia, pero sobre todo, lográs que recupere mi paz.